Los mundos de Visko (y 6)

¿Y usted qué dice, Viskovitz?

Y, por el momento, se acabó lo que se daba y con el más corto de los relatos… aunque no por ello menos aplastante (conozco a algunas parejas que se diría son un calco de éstos Psitácidos o, para entendernos, de éstos Loros).

¿Qué podemos hacer para escapar a este rutinario runrún, a esta mediocridad?

Prometo traer más, para amenizar mi reposo y el de aquellos visitantes que se atrevan a cruzar las vastas llanuras hasta adentrarse en mi paraíso…

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¿Y USTED QUÉ DICE, VISKOVITZ?

Con Ljuba fue amor a primera vista. Era la lorita más bella de todo el Caribe. Así que me acerqué a ella sin pensármelo dos veces. Sin más preámbulos, la miré a los ojos y le dije:

– Te amo.
– Te amo. – me respondió.

Fue el principio de una gran pasión. Nuestro nido de amor era la manigua entera, el loco ardor de la juventud nos quemaba bajo las plumas, y toda la inmensidad del cielo no bastaba para contenerlo. Cantábamos, bailábamos, nos amábamos al ritmo de la rumba, del mambo, de la conga y del merengue. Un día me decidí y le pregunté:

– ¿Quieres casarte conmigo?
– ¿Quieres casarte conmigo? – replicó.
– Por supuesto, mi amor.
– Por supuesto, mi amor. – respondió ella.

Así que construí el nido más lindo del archipiélago y allí pasamos nuestra luna de miel. Abrazándola estrechamente, le dije:

– Me gustaría mucho tener pequeños.

Me respondió que ella también los quería. Nacieron dos, un tesoro de criaturas, nunca una palabra de discordia, nunca desobedientes, siempre dispuestos a corresponder a nuestro afecto con el suyo.

¿Qué más se podía desear de la vida?

Algo que no estuviera previsto. Y empecé a verme con aquella otra lorita. Un día se lo confesé a Ljuba.

– Tengo una amante. – le dije.
– Tengo una amante. – me respondió.
– La mía se llama Lara. – proseguí.
– La mía se llama Lara. – me confesó.

¿Qué decir? Me quedé de piedra. Mi mujer con mi amante. Dicho así casi podía parecer una buena noticia, pero pronto estuvo claro que aquel triángulo no podía funcionar. Así que fui a ver a Lara y le dije:

– Escoge, o ella o yo.
– Ella -me respondió.

Entonces fui a ver a Ljuba y le planteé también a ella un ultimátum:

– ¡O ella o yo!
– ¡Ella!
– Vete al diablo. – le dije.
– Vete al diablo. – replicó.

Estaba más que harto de que me tomaran el pelo con aquellos ritornellos. ¿Sería posible que la vida discurriese por caminos tan superficiales? ¿Cómo se podía seguir adelante de aquella manera? Sumido en la desesperación, decidí pedir consejo a una mente iluminada, un loro que había alcanzado una gran reputación de maestro de sabiduría y de guía espiritual.

– Maestro – le espeté -, ¿qué podemos hacer para obtener respuestas menos manidas, para escapar a este rutinario runrún, a esta mediocridad? Decidme, maestro, ¿qué debemos hacer?
– Hacer. – respondió el sabio.

© Alessandro Boffa, ‘Eres una bestia, Viskovitz’

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  • Moraleja: Nunca te acuestes con un loro…
  • En capítulos anteriores:

Nuestro Visko-Mantis
Ese tremendo Visko-Alce
Un entrañable Visko-Escorpión
El Visko-Camaleón
Y el amoroso Visko-Caracol

Published in: on Lunes, 2 octubre 2006 at 8:37 pm  Comments (10)  

10 comentariosDeja un comentario

  1. genial, me ha encantado vuestra historia… harè caso a tu moraleja,,,.. y además harè algo… Saludos.. un gusto conocer tu blog

  2. Gracias, Silent, pero ningún relato de Visko es mío sino de Alessandro Boffa (ya lo mencioné en las primeras entradas), al que recomiendo encarecidamente de nuevo.

    La moraleja sí es mía :p

    Me has dejado muy intrigada con tu “haré algo”; no sé si tiene que ver con loros…

  3. Supongo que hará algo siguiendo el consejo del “loro sabio”…..

  4. “hacer”, un sabio consejo
    pero tu moraleja lo es más, nunca me acostaré con un loro
    no sabría si me está tomando el pelo o si somos tan afines que nuestros pensamientos son los mismos, aunque lo más desconsolador sería abrir los ojos y al mirar a mi lado no saber si soy yo o es él
    tengo que hacer algo!

    besos

  5. Los loros y su mundo de repeticiones constantes e irritantes. Hablo por la experiencia de uno que me acompañó durante años y que ni cubriendo la jaula dejaba de murmurar todo cuanto aprendía.
    También están los que llevan una existencia libre, y los que además tienen aspecto humano. De estos últimos debemos guardarnos bien, algunos divierten al principio para acabar convirtiéndose en un tostón permanente.

    Un gran relato Sonja, gracias por compartirlo!
    Besos

  6. a serena no le gustan los loros!
    ni a mi, estuve saliendo con una lora y acabe hasta los loros jajajaj
    muy bueno sonja! :o)

  7. ¿Hasta los loros? jejejejeje

  8. Gran relato Sonja, no lo había leído antes…

    Yo una vez conocí una parejita de Loros ya algo viejos y por lo tanto eran algo “sorbetes” (sordos)…

    Cuentan que en una ocasión hospedaron a una pareja de jóvenes y ya en la tranquilidad de la noche el par de jóvenes tortolitos empezaron a hacer “travesuras” y él le decía a la jovencita:

    -Abrite más ancho

    *Oí, nos van a comprar el rancho

    -Te voy a hacer criatura

    *Oí, y con todo y escritura

    -Sentís que te entra??

    *Oí y en diez mil setenta…

  9. si, hasta los loros
    es lo maximo!! jajajaj

  10. Te Amo Visko


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