Los mundos de Visko (y 7)

Son cosas que le enfurecen a uno, Viskovitz

Llegó la hora de reanudar las peripecias de nuestro Visko, y qué mejor que hacerlo con un bello animal de gran tamaño y hermosas melenas…

No, no estoy hablando de mi cuñado :p sino de otro carnívoro perteneciente a la familia Felidae, género Phantera. Es decir, ni más ni menos que un Phantera Leo, o LEÓN.

“¿Qué quedaba -rugía para mis adentros- de nuestro paraíso natural, la cuenca del Ngorongoro, el mayor cráter de la Tierra, la cuna de la creación? A mi alrededor sólo veía una especie de «cinelandia» corrupta y dominada por el show business naturalista. Lo único que contaba era mostrar el pelaje, hacer que se hablara de uno. ¿Y luego, cuando alcanzabas el éxito…?”

Dedicado a Levi, el León Cimmerio ;-)

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SON COSAS QUE LE ENFURECEN A UNO, VISKOVITZ

¿Qué quedaba -rugía para mis adentros- de nuestro paraíso natural, la cuenca del Ngorongoro, el mayor cráter de la Tierra, la cuna de la creación? A mi alrededor sólo veía una especie de «cinelandia» corrupta y dominada por el show business naturalista. Lo único que contaba era mostrar el pelaje, hacer que se hablara de uno. ¿Y luego, cuando alcanzabas el éxito…? Desde el día en que aparecí entre los protagonistas de una serie sobre los grandes felinos, me había convertido en una de las estrellas del parque, y me veía acosado por cámaras de cine, zoólogos y zoófilos. Bueno, ya no podía más. No podía soportar más mi eterno séquito de fieras chic y rumiantes esnob, ya no aguantaba seguir oyendo los ladridos de hiénidos sobre fundidos cruzados y planos generales. Necesitaba unas vacaciones.

Se me acercó una joven gacela Thompson, con un tipito bastante fotogénico, grácil, no más de 60 centímetros en la cruz. El brillo de su pelo hubiera causado la envidia de muchas de las starlets a las que yo conocía, pero se movía con naturalidad, no parecía una de las habituales lolitas sin alma. Me preguntó si yo era Viskovitz, el león. Era inútil negarlo.

– Despedázame, te lo ruego.
– Puede arreglarse – suspiré –, pero primero tendrás que hacer una pequeña prueba.
– No me has entendido, yo digo de verdad. ¿Ves esto? Es un collar radiotransmisor. ¿Ves estas cicatrices? Son dardos narcotizantes. ¿Y ves esas chapitas en las orejas? ¡No me dejan vivir en paz, maldita sea!

No interpretaba, era realmente infeliz.

– Te comprendo, querida, pero no es a mí a quien debes dirigirte.
– Soy muy tierna, siempre he ramoneado brotes frescos y yemas.
– No lo dudo, pero lo que has visto eran documentales, no pensarás en serio que yo…
– ¿Y qué hacen ahí esos carroñeros? ¿Acaso no están esperando mis despojos?
– Oh, no – sonreí –. La hiena es Zucotic, está convencida de ser mi agente cinematográfico. El chacal y el licaón, Petrovic y López, son dos extras. Siempre ponen esa cara.
– Bueno, alguna fiera auténtica quedará en alguna parte… – bramó, perdiendo la paciencia.
– No en el Ngorongoro. Aquí la moda entre los carnívoros es ser vegetarianos: imagínate arrancar carne viva. A menos que sea necesario para no arruinarles un primer plano, quiero decir. En ese caso sería capaz de usar los dientes hasta un antílope. Pero he oído decir que fuera del cráter, en la llanura de Serengeti, las cosas son distintas, un poco como en los viejos tiempos. Mi consejo es que pruebes allá abajo – sacudí la melena en dirección al Mandusi –. Pero ten cuidado: por aquellos parajes la vida podría gustarte.

Giró el morrito con un suspiro.

– ¿Allá abajo?
– Sí, pasado el lago hay una pista que sube hasta la cima. Pregunta cuando llegues a Seneto… O mejor, ¿sabes qué te digo? Te acompaño un trecho, me hará bien.

Atravesamos un bosquecillo de acacias de la fiebre y seguimos a lo largo de la orilla septentrional del Makati para evitar los campamentos, la pista de aterrizaje y los lodges. Y de camino le iba dando consejos que quizá le fueran útiles en el nuevo entorno, en caso de que llegara a apreciar la vida nuevamente. Le explicaba viejas historias de los masai, de cazadores furtivos y white hunters, de la sabana de los tiempos en que la melena del león era todavía la corona de un rey y nuestro rugido era ley. Mientras lo hacía, él corazón me latía con fuerza, y me parecía estar viendo de nuevo el cráter de mi infancia, cuando alzaban el vuelo sobre el lago flamencos, cercetas y tántalos y marabúes, espátulas y jacanas, cuando en el Mandusi dormitaban los hipopótamos bajo la mirada de garzas reales y guairabos o martinetes, viudas de Jackson y colas de abanico.

La cervatilla me explicó que por aquellos pastizales no dejaba afectos, nadie de quien valiese la pena despedirse, que no había llevado una vida gregaria desde que los jefes de su manada decidieron abolir la reproducción para extinguir un poco la especie y subir así en la consideración del wildlife management. Yo intentaba consolarla, pero, a mi vez, tampoco podía evitar lamentarme de la crisis de autoridad del felino macho, de la prepotencia de las leonas cada vez más musculosas, sabihondas y presumidas, ambiciosas, de una comunidad –la nuestra– cada vez más jodidamente similar a la de los hiénidos, que hacía ya mucho que vivían en sociedades matriarcales, obteniendo con ello los resultados que estaban a la vista de todos.

Riendo y bromeando llegamos a la vertiente de la montaña, y allí decidí subir también yo hasta la cima, para echar una ojeada a lo que había del otro lado: el Kilimanjaro, las grandes llanuras, el Victoria. Disfrutar de la vista, le expliqué, me haría bien. Ya en las cercanías de la cima, decidimos hacer una pausa. Avanzamos por un camino abierto entre los arbustos por elefantes y búfalos, y encontramos refugio en un bosque de nuxias, albizias y enebros retorcidos, en compañía sólo de un cercopiteco y algún babuino amarillo. Allí estiramos las patas y apoyamos la cabeza sobre el musgo de un grosellero. Ella lloraba en silencio, con breves sollozos esporádicos. Yo le había apoyado una pata en el lomo, mientras me preguntaba qué se debía de sentir al hundir las garras en aquel cuello delgado y bien formado, al arrancar los flancos de aquella carne joven y sanguinolenta. Probablemente pesadez de estómago, náuseas y sentimientos de culpabilidad, me decía, pero quizá también un placer terrible…

– Hueles bien– baló de repente.
Pardon?

La pata rampante había liberado el hedor de una axila: ¿me estaría tomando el pelo?

– Tienes un agradable olor a león, olor a macho.
– ¿M… m… macho?
– Sí, los leones sois los machos más bellos de la sabana, tan regios, tan musculosos… Mucho mejor que esos afeminados de herbívoros. ¿Te has preguntado alguna vez por qué todos los rumiantes llevan cuernos?
– No, yo…
– Verás, entre los bóvidos casi no existe dimorfismo sexual… y siempre me ha dado no sé qué andar por ahí con aquellos tipos… Se giró hacia mí y bajó la franja supraciliar, de forma lánguida, viciosa, mientras el viento le enmarañaba la crin.

¿Qué podía hacer? Habrá sido aquel calor, habrá sido la soledad…

– ¡Oh, Visko! Ha sido estupendo – dijo más tarde.
– Sí, ha sido bonito – mentí.

No había sido bonito, había sido fantástico. En aquella cabritilla había más feminidad que en todas las divinas de mi ambiente juntas, un panteón de gatazas convencidas de que los placeres de la carne ya sólo eran los bistecs. Y me gustaba aquel nombre, Ljuba…

– Es una pena que no pueda durar – suspiró.
– ¿Cómo? ¿Qué quieres decir?
– ¿Qué futuro tendríamos? Sin duda no podemos quedarnos escondidos para siempre en estas alturas; tarde o temprano tendremos que bajar al llano. Si descendemos hacia el Serengeti, uno u otro me descuartizará. Tú no tienes ni la edad ni la experiencia para defenderme de aquellos depredadores, me parece a mí. Pero aunque saliéramos bien librados, tendríamos que contar con la mentalidad de un entorno que ha permanecido más o menos intacto desde el día de la creación, ¿no es así? Por otra parte, si decidiéramos volver atrás no mejoraría la situación: imagínate lo que sucedería cuando los media se olieran una historia como la nuestra. Y además, ¿qué ejemplo daríamos a nuestros jóvenes? Está muy bien no ser racista, pero entre especies hay que mantener ciertas distancias. Y ni siquiera aquí estaríamos completamente seguros: no olvides que llevo un collar radiotransmisor y que tarde o temprano acabarían por encontrarnos. Adiós, Visko.

Sorbió una lágrima, dio media vuelta y empezó a bajar, bamboleando la colita, por la pendiente, hacia Olduvai y el Serengeti.

– Eh, un momento, un momento…

Pero había empezado ya a gambetear peñas abajo, como un saltarrocas, no tenía sentido que intentase alcanzarla. ¿Qué debía hacer? Me miré a mi alrededor. El paisaje cortaba la respiración: permanecí un instante allí, en suspenso, emborrachándome con la visión de aquellos amplios espacios, de aquellos altiplanos salvajes e ilimitados que se extendían por centenares de miles de kilómetros hasta el Masai Mara… A mi izquierda veía el lago Ndutu y las sabanas llanas de Maswa, a la derecha los yacimientos de Olduvai… El corazón me latía como si fuera un cachorro. Valor, viejo simba, me dije, ¿quién ha dicho que ya no tienes edad para esta vida?.

Enfilé por el sendero que bajaba hasta el valle y seguí andando a buen ritmo junto a la senda que llevaba del pasaje de Naabi Hill al Serengeti. A mi paso alzaban el vuelo grullas coronadas, secretarios, avutardas y avefrías lúgubres. En aquellos parajes ser un león todavía significaba algo.

Por fin desemboqué en una interminable llanura de hierba corta, en la que despuntaban las colosales masas graníticas de algunos kopje. En ella pastaban gacelas Thompson y Grant, cebras, ñus de cola negra, alcéfalos de Jackson, damaliscos, avestruces y órix, bajo la mirada vigilante de guepardos, licaones, chacales y algún que otro individuo de mi especie. No podía evitar admirar la elegante dignidad de aquellas rumiantes, y me sorprendí a mí mismo demorándome en la contemplación de la curvatura de sus grupas. Había despertado en mí una nueva sensibilidad para algunos sencillos espectáculos de la naturaleza: el cuello fusiforme de las órix y de las steenbuck, los jaspeados de cudús y bongos, el corto pelo de las impalas, el rabito de las dik–dik, el culito de algunas jirafas. No sé si sería el instinto de supervivencia o el pudor lo que las hizo alejarse de mí con cierto sobresalto, rezongando y cubriéndose con la cola.

Saludé con urbanidad a algún depredador, pero no me atreví a pedirles información. Tenían la mirada líncea de los asesinos en serie. Aquellos tipos no bromeaban: descuartizaban. Y quién sabe qué otras cosas les hacían a sus presas, cosas que ningún documental te explicaba. Pensé con un estremecimiento en Ljuba.

Me deslomé corriendo durante toda una semana de punta a punta, moviéndome con cautela entre los altos troncos, manteniéndome pegado al suelo para no contrariar los sentimientos de los dueños de aquellos territorios, y al final la encontré, en los alrededores del Kopje de Moru. Pastaba en compañía de un grupo de pequeños dik–dik y de grandes suni. Me recibió con cierta frialdad, pero no conseguí descifrar la naturaleza de su reserva. De todas formas, me invitó a quedarme a pasar con ellos la velada. Me dijo que había sido adoptada por los herbívoros de aquella cuadrilla, que había encontrado una nueva familia, nuevos padres, nuevos hermanos y hermanas.

– Anímate, quédate a comer con nosotros – baló de pronto.
– No me parece adecuado, Ljuba, la verdad – objeté.

Pero no se atuvo a razones.

– ¡Mamá, papá! ¡Adivinad quién viene a cenar!

Me abrió paso entre una manada de bóvidos y yo la seguí dócilmente, todo comedimiento, ronroneos y buenos modales.

Intentaban que sus emociones no les traicionaran, pero se habían quedado de una pieza, como bajo la mordedura de una mamba. Fui presentado a dos gacelas, que me hablaron con embarazo y frialdad, y también a dos damaliscos, que se limitaron a mirarme con manifiesta aversión. Pensé que los dos primeros debían de ser mamá y papá y que los otros dos eran la cena.

¿Jambo tener gana? Mí Viskovitz – declaré con el rugido más políticamente correcto posible, y felicité a la señora por la cena.

Resultó que me había confundido: las dos gacelas eran unos amigos y los dos damaliscos los padres adoptivos. Pero la metedura de pata ya no tenía remedio y yo ya me había servido. Permanecimos todo el resto de la velada mirándonos incómodos y en silencio.

– Caray – dijo Ljuba después –. Me habías dicho que eras vegetariano.
– Sí, pero yo creía que aquí…
– Ya lo ves, te dije que no podía durar.
– Dame tiempo, Ljuba.
– No, Visko, somos demasiado diferentes, ¿quieres entenderlo de una vez?

Sacudí la cabeza.

– Además, ahora estoy prometida – indicó con el morro a las dos cabritillas que habían estado en la cena, una de ellas temblaba como una hoja –. Pero no se trata sólo de eso, Visko. Por tu edad podrías ser mi… –se puso a echar la cuenta. Si ella tenía un año, podía haber quince generaciones de diferencia –. Bueno, en fin, que juntos resultaríamos ridículos, ¿comprendes? Y el paso del tiempo no te haría rejuvenecer.

Bajó los ojos.

Ahí acabó nuestra historia.

Reemprendí el camino de la caldera con el rabo entre las piernas. Me había dolido. No tanto por lo que ella había dicho, en el fondo tenía razón. Sino por cómo lo había dicho. Con un mohín de compasión y vergüenza. Conocía aquella sensación, yo mismo la había sentido al ver sufrir a otras fieras la humillación de la vejez. Cuando hasta los animales más débiles y cobardes se chanceaban a su costa.

Cuando hasta el último niñato de la producción les hacía desalojar del plato porque estropeaban los planos largos. Cuando hasta los turistas bajaban las cámaras de vídeo.

Me alegró volver a ver a los viejos amigos, las chicas, los cachorros. Incluso alguna hiena.

Desde el día de aquella cena, no he vuelto a amar a ninguna rumiante. Ni a comérmela. Aparte de aquella Ljuba, quiero decir, o como se llamase. Sus grasas me produjeron pesadez de estómago durante unos días, pero, con el tiempo y el ejercicio, groar, acabé por digerirlas.

© Alessandro Boffa, ‘Eres una bestia, Viskovitz’

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¿Aqui no se come o qué? (Levi, ¡JA!)

  • En capítulos anteriores:

Nuestro Visko-Mantis
Ese tremendo Visko-Alce
Un entrañable Visko-Escorpión
El Visko-Camaleón
Ese amoroso Visko-Caracol
El inconformista Visko-Loro

Published in: on Domingo, 24 diciembre 2006 at 12:12 pm  Comments (64)  

64 comentariosDeja un comentario

  1. Me encantan tus historias, me llevan a la fantasía, me invitan a soñar.

    Dark kisses

  2. Muchas gracias por la dedicatoria, y por la mención a una habitual frase mía en la última foto (que también me dedicastes en otra ocasión) :D

    Yo te dedico un suave rugido al oído: Grroooargg. Y una caricia en el lomo.

    pd: Menos mal que tu hermana no es una gacela Thompson jeje

  3. Por qué? Porque ya me habrías comido a mí y a toda mi familia?? xDDDDDDD

    Que me gusta el Visko este … quiero más!! ^^

  4. Eso dependería de como hubiese tratado al león :D

  5. Cuñado, con ese rugido y esa caricia acabas de tentar tu suerte ;-)

  6. ¿Vas a abusar de mi? :D

  7. Total y absolutamente ;-)

  8. ¿No te impone ningún respeto que sea un fiel y responsable padre de familia?….

  9. Pues no :p

  10. Me lo imaginaba :D

  11. en el fondo, todos somos unos leones; y ellas unas bellas gacelas que nos llevan al desastre jajajaj

  12. ¿Al desastre?, ¿Qué desastre?. No es malo ni desastroso aquello que hacéis por placer. Pero si con un guiñito de nada ya os tirais a la piscina :p

  13. estoy de acuerdo en que es muy placentero, pero terminamos hechos un desastre porque no sabemos parar

  14. Y porque lo echáis todo en un disparo, mientras que nosotras siempre nos guardamos algo en la recámara :p

  15. Mira que manera más bonica y limpia de explicar un orgasmo xDDD

  16. Así siempre se da pie a que alguien no lo entienda y, de paso, que no me califiquen de obscena :p

  17. Siento contradecirte, pero se entiende demasiado bien, aunque parezca parte del díalogo de un “western” :D

  18. horror! con esas historias hasta quisiera ser una leona xD…

  19. el paisaje donde viven me recuerda a la vida en la ciudad en contraposición con la de los pueblos
    la composición en los personajes es muy buena, qué escogemos? el mundo de lo impersonal y ficticiamente perfecto, o la pureza de lo natural, más cruel pero más real, más cerca de la autentica creación? debemos volver al serengeti antes que sea demasiado tarde.
    me fui en pensamientos con este relato! me ha parecido de los mejores hasta ahora, con un visko más enternecedor que nunca!
    una bonita dedicatoria, también creo que los leones son los animales más bellos y majestuosos que existen.

    besos

  20. leviathan que dedicatorias te hace la guerrera!!!

    –- Sí, los leones sois los machos más bellos de la sabana, tan regios, tan musculosos… Mucho mejor que esos afeminados de herbívoros. ¿Te has preguntado alguna vez por qué todos los rumiantes llevan cuernos?

    jajajaj
    es verdad, somos los mas guapos!! y hay dias que huelo mucho a macho, de verdad eso les gusta a ellas?

    muy bueno sonja, muy bueno! :o)

  21. nos gusta cuando no es por falta de higiene, cuando ese olor “especial” llega hasta nosotras desde lo más profundo como un aroma identificable solo en determinadas ocasiones.
    nos gusta, y siempre en momentos propicios, cuando nos llega llevando la imagen del esfuerzo y la fuerza, como debe ocurrir con las hembras de otras especies

    besos

  22. Ninja no confundas olores :D

    Mira Frigg ha explicado muy bien lo que sería el aroma de las feromonas que las atrae, aunque después habla del “esfuerzo” y la “fuerza” y supongo que la moza ya debe estar viendo imagenes de mecánicos sudando o cualquier profesión que requiera mucha actividad energética…..
    ¿Será mucho pedir que nos lo explique para hacernos la idea?, aunque yo ya tengo comprobados varios de esos momentos y si que es verdad que muchas veces es como un imán.
    ¿O solo nos pasa a los “leones”? ;D

  23. has hecho acordarme de mi primo camionero! jajajaj

    frigg me ducho todos los dias, por poca higiene no es eh???
    es por leon macho :o)

  24. Aquí estoy, gacela mía, de regreso. Aquí estoy, buscándote en la noche, suspirándote en el día…

    No pretendo desbancar a ninguno, pero qué locos deseos de volver me han perseguido durante estos interminables días 8)

    Y antes que cualquier plano largo pueda malograrse, quiero aprovechar mi tiempo, quiero veros y pincelar de brillo lo que queda del verano.

    Un abrazo de hierro, y con desodorante

  25. Bueno, esto se lo está dedicando a Levi y no a otros, pero no vamos a tener un conflicto de machos ni especies por un olorcito más o menos intenso verdad?

    Nando, tú y Levi y Hector y Lobo Estepario estropeais todos los planos largos porque ya sois largos. Sin embargo yo siempre quedo bien, siempre entro perfectamente :-P

  26. Ninja si hubieras dicho que te habías acordado de algún calendario de bonitas mozas con poca o ninguna ropa, que vendría a ser lo contrario, pero relacionado, con lo que Frigg debió imaginar no me preocuparía….
    Lo que me preocupa es que te haya venido un camionero al recuerdo, aunque sea tu primo. Atornillate que te veo flojo :D

    Nando, verano, otoño, invierno, primavera…..
    Tenemos años de planos largos por delante ;D

    Angel el conflicto lo acabas de empezar tú mismo porque…..
    ¡Más vale que sobre y no que falte! jejejejeje
    Y tu lo has dicho: me lo dedica A MI. Es decir, algunos sobrais, como tu por ejemplo :D:D:D:D

  27. no me acorde de mi primo por lo que decias, era por los sudores y el esfuerzo y que frigg podia pensar en una imagen como la suya
    tu no sabes como se suda en su cabina, cuando me ha llevado alguna vez me hago agua!
    pero puede que si tenga algun tornillo aflojado por otras causas jajajaj

  28. La cuestión no es, Ángel, entrar en el plano con desahogo. La cuestión es que, aunque el objetivo deba forzarse algunos milímetros, el resultado final sea espectacular.

    Y en mis planos todavía lo es 8)

  29. Ni que sean milímetros ni que sean metros. A mi no me vaciléis ni tú ni Levi!

  30. jajajajaj

  31. Lo siento Angel, no es vacilarte pero el tamaño SI importa :D

  32. El tamaño de qué? porque problemas de esos no tengo ninguno, y menos hacia mitad del plano :-P

  33. Pero ¿por cual motivo Ángel?, ¿por exceso, o por falta?.

    Te recuerdo que dijiste: “yo siempre quedo bien, siempre entro perfectamente” 8)

  34. no le dejais, a cada cosa que escribe vais a por él! jajajajaj

  35. Lo dirá por la falta Nando, sino no cabría en el plano ;D

    Ninja, no vamos a por él, solo le dejamos las cosas claras porque va un poco confundido :D

  36. Mira, mira como hablan los asnos, les tengo en completa atención hacia mi :-P

    No voy a contestaros, cuando uno es perfecto asume que los imperfectos pretendan rebajarle, pero son cosas de la vida, los celos,…

  37. el castigadorrrrr!!! :o)

  38. ¿Merches?

  39. A ver si Angel es un infiltrado persa…..

  40. calla calla ladron!
    ya me se todo el dialogo del video sin verlo jajajaj

  41. Me apuesto lo que sea a que no eres el único, empezando por mi :D

  42. Joder, no os creais que ser rey es tan facil como parece, es bastante complicado…

  43. con que esas tenemos eh? con que esas tenemos!
    mira que no quiero hablar mas contigo
    que te follen!! jajajaj

  44. jejejejejeje
    Angel, que conste que la culpa la tienes tú por querer desacreditar nuestros planos…..

  45. El otro día os mandé a tomar por culo en algún sitio. Por si no lo habeis visto, IROS A TOMAR POR CULO! :-P

  46. me puedes dar la dirección? jajajaj

  47. Ángel, ¿un poleo?…

  48. Nando, dale la dirección a ninja que se muere por haceros compañía :-P

  49. No estoy seguro, pero alguien me explicó que se encuentra junto al quinto pino…

  50. Sep, entre el cuarto y el sexto maomeno … aquí una foto con la situación supuesta y aproximada …

    http://www.frikipedia.es/friki/Imagen:Medio-del-monte.jpg

    bip bip! xDDDDDDDDDDDDD

  51. jajajajaj

    “acogedor lugar para fornicar” n_n
    si vais pinchando en los links vereis lo que os sale!

  52. Precisamente en uno de los enlaces desde “el quinto pino” puedo leer que éste “es equivalente a la raíz cuadrada de A tomar por culo.”

    De lo cual deduzco que mi fuente de información estaba en lo cierto 8)

  53. No me puedo creer lo que estoy viendo y leyendo jajajajajaja

    De la frikipedia tenía que ser…

  54. En una de mis visitas a tu blog lei un artículo tuyo que hacia referencia a este escritor, me dije que buscaría el libro ya que lo recomendabas y así lo hice pero no lo encontré, ni siquiera en la biblioteca donde soy socia
    Y ahora veo que tú nos lo acercas cuando parece haber caido en el olvido. Gracias Sonja!
    Ha sido una lectura encantadora, con ternura y humor, y un homenaje precioso. Tu cuñado parece muy inspirador!

    Bss

  55. lo que inspira es un poco de miedo, por lo menos a mi!
    pero es muy simpatico n_n

    antes de que leviathan me mande alli ya me voy yo solo al quinto pino! jajajaj

  56. ¿Ya conoces todos los decimales del numero π, teniendo como variable Ω y como cloroplásto α?, ¿y sabes qué debes hacer con ellos después?.

    Porque si no es así por mucho que él te envíe no conseguirás llegar…

    Un abrazo 8)

  57. Me dejais mudo de asombro, en serio……

    Sibyl, si quieres que te inspire estoy a tu disposición :D

  58. guerrera: “Y porque lo echáis todo en un disparo, mientras que nosotras siempre nos guardamos algo en la recámara :p”

    me he quedado sin argumentos, solo decir que no podemos hacer otra cosa que disparar, descansar, y volver a disparar :)

    con permiso, voy a explorar el quinto pino jajajajjaja

  59. Mudo tú, Levi? qué chistoso eres

    Igual que Nando, yo creo que habeis equivocado la carrera los dos. Pero aún estais a tiempo :-P

  60. Si, nosotros si. Pero tu ya no :D

  61. Él conoce los decimales, él sabe muy bien qué hacer con ellos. No hay vuelta atrás para él…

  62. Iros a la mierda. Los dos juntos.

  63. jajajajajajajjajaja

  64. Tú también…


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