Los mundos de Visko (y 13)

Buena sangre no miente, Viskovitz

Los Escualos, nombre que reciben varias especies de peces cartilaginosos de cuerpo fusiforme, hendiduras branquiales a los lados, detrás de la cabeza, cola robusta y una gran boca situada en la parte inferior de la cabeza… como el Tiburón.

Si queréis leer y ver “maravillas” sobre ellos, Levi se preocupó de ponderarlos en su blog tras encontrar un vídeo escalofriante. Yo, desde luego, no es precisamente admiración lo que siento por ellos. Más bien denominaría ese sentimiento como un terror inconmensurable. Pero contra gustos…

“Aquí la única crítica que comprenden es la nuestra, la de los dientes. Somos nosotros quienes hacemos que funcione este jodido océano, ¿está claro? Imagínate lo que sucedería si a cualquier inepto se le permitiese vivir sin ser devorado…”

Printer

BUENA SANGRE NO MIENTE, VISKOVITZ

– Papá, ¿cómo te iban a ti las cosas de pequeño?

– La infancia es el periodo más hermoso de la vida de un escualo, Junior. Mi madre era un gran pez, ella sí que supo alimentarme. Naturalmente, tardé algún tiempo en zampármela, era todavía tan pequeño, aún en gestación… Empecé desde dentro y me abrí camino entre los órganos más sanguíneos, así que no puedo decir que la haya conocido. Pero recuerdo que tenía un buen corazón.

– ¿Eras hijo único?

– No, tenía dos hermanos del mismo parto. «Visko», me recriminaron, «¿y ahora quién nos educará?» En aquellos tiempos no podía digerirlos. Luego, con el estómago vacío, me encargué de educarles yo mismo.

– ¿No te hacía sufrir la soledad?

– Bueno, llegó un momento en que sentí un vacío. Pero se ocuparon de colmarlo los tíos, los primos, los abuelos. Llevo la familia en la sangre, Junior. También los amigos me ayudaron a salir adelante. Yo diría que todo fue transcurriendo sin problemas hasta la adolescencia. Entonces tuve la primera rémora.

– ¿De qué tipo?

– Del peor. Todavía recuerdo su nombre: Zucotic.

– ¿Te creó muchos problemas?

– Bueno, sí. Ya sabes como son esas bestias. Dicen ser simbióticas, pero en realidad son unos parásitos. Se te pegan al vientre con los dientes de la aleta y ya no te sueltan. Pero lo peor de todo es su hipocresía. Critican todos los bocados que te tragas, te llenan de sentimientos de culpabilidad. Te explican la historia personal de atunes y arenques, de forma que cuando te los comes pierdes entusiasmo, y entonces a ellas les quedan más sobras. He visto rémoras más gordas que los escualos, hijo mío.

– ¿No podías pedirle a nadie que te las quitara?

– Sí, pero en aquella época no tenía muchos amigos. Y, en el fondo, Zucotic era mi única compañía. ¿Sabes?, cuando eres joven una rémora hábil puede hasta convencerte de que te es útil. Pero cuando me encontré también bajo el vientre a Petrovic y López, comprendí que había llegado el momento de hacer algo y empecé a buscar algún escualo que pudiese ayudarme. Alguien que quisiese intercambiar un favor. Fue así como conocí a tu madre, Ljuba.

– ¿Tenía muchas rémoras?

– Tantas que sólo se le veían las aletas. Pero no era poco, te lo aseguro. Las pectorales eran grandes como rayas, la anal flexible como un alga. Hasta la carmenadura del pedúnculo caudal llamaba la atención, pero sobre todo el ojo te impresionaba, rojo y hundido en el espiráculo, maléfico como el veneno.

– ¿Os entendisteis enseguida?

– Bueno, los primeros contactos fueron difíciles, entre otras cosas porque las rémoras no son estúpidas. Saben reconocer el peligro y no se lo piensan dos veces para clavarte los dientes en la piel. Pero poco a poco nació cierta simpatía entre mis parásitos y los suyos. Y luego esa simpatía se convirtió en afecto. Imagínate que llegó un momento en que mis rémoras gozaban holgando con las suyas… y nosotros allí, rozándonos las aletas y mirándonos al ojo.

– No podías… sí, claro, bien pensado…

– Sus rémoras estaban adheridas sobre todo en su sexo.

– ¿Y no podías quitárselas?

– Por supuesto, pero ella no quería. Le aterrorizaba la idea de quedarse encinta.

– Ya, como todas las escualas.

– Sin embargo, llegó un momento en que no quise demorarlo más y me decidí a devorárselas. Ella me devolvió el favor, y de allí nació un gran amor. Liberados ya de todo impedimento, nuestra pasión se convirtió en algo frenético, Junior. Nos amábamos en el cuerpo descuartizado de los cetáceos, entre el amasijo de carne de nuestras presas. Sólo dando dentelladas a la carne de otros seres éramos capaces de evitar devorarnos mutuamente, ¿comprendes? A todas las profundidades marinas llevábamos con nosotros el escándalo y la devastación, el amor y la muerte, la lujuria y el luto. Naturalmente, no podíamos pretender que sobre nosotros no quedase ni un solo arañazo. Así, un día, la concentración en el agua de su sangre fue más alta que la de sus hormonas. Y entonces tuve que devorarla. Fue mientras la despedazaba cuando vi asomar tu cabecita. ¡Profundo océano! Me hiciste sentir auténtica ternura. Tu aleta dorsal era poco más que una escama. Tu nacimiento fue prematuro, Junior, y ésa es una de las razones por las que has salido tan discapacitado.

– Pero si yo no soy ningún discapacitado, papá.

– Sí que lo eres. Y por mi culpa. No debe de ser agradable para un pequeño ver cómo su padre descuartiza a su madre sin dejarle siquiera un bocado. Odio, sentimiento de culpa, miedo… al final se acaba cayendo tan bajo como tú. Se crece sin maldad, sin anhelo de sangre. Lo primero fue verte juguetear con aquel merluzo, ¿por qué no lo mataste?

– Me era simpático, papá.

– ¿Lo ves…?

– Habrá alguna manera de vivir sin necesidad de hacerle daño al prójimo.

– Sí, claro, vivir a mis expensas. ¡Como una jodidísima rémora! Maldita sea, ya te he explicado que no hay nada que haga tanto bien como el mal. Aquí la única crítica que comprenden es la nuestra, la de los dientes. Somos nosotros quienes hacemos que funcione este jodido océano, ¿está claro? Imagínate lo que sucedería si a cualquier inepto se le permitiese vivir sin ser devorado.

– Puede que todos nadáramos más relajados, quizás aprendiéramos a respetarnos.

– El respeto tienes que ganártelo, muchachito, hasta el de un arenque. Ellos saben que los matamos por su bien, por eso nos respetan.

– Pero…

– Pero a ti nadie te respeta, Junior. Mírate, mira a tu alrededor: los atunes y los meros se burlan de ti. Hablas como una rémora, te comportas como una rémora, te pasas la vida ahí, aferrado a mi aleta. ¡Te estás convirtiendo en un parásito, maldita sea! ¿Cómo crees que me sentí el otro día, cuando aquella tipa me preguntó: «¿Quieres que te lo quite?» Su hijo tiene tu misma edad y ya ha devorado a cinco o seis baby–sitter, ¿te das cuenta? Esto no puede seguir así. No, mientras nuestro nombre sea Viskovitz.

– Es que tengo otro tipo de intereses, papi.

– Ya, retozar con los peces balón y los caballitos de mar. Coleccionar diatomeas. Escúchame bien: esta noche vendrá a cenar Lara con sus hijas. No me hagas quedar mal, como el otro día con aquellas morsas, o como anoche con aquellos pescadores.

– ¿Por qué? ¿Qué he hecho?

– Tienes más de trescientos dientes, Junior. No te los he dado para que regales sonrisitas bobas. Te lo repito una vez más: a la hora de la comida, no se trata de dirigirse contrito al comensal que tienes al lado y decirle: «Perdone, ¿me pasa aquel náufrago?». Se trata de agarrar y descuartizar, despedazar y destruir, arrancar la comida de las fauces de los demás y morderles incluso a ellos, ¿he hablado lo bastante claro?

– ¿A los comensales también?

– Es lo normal. Por ejemplo, esta noche sería un detalle que descuartizases por lo menos a una de esas jovencitas.

– ¡Pero si son las hijas de la invitada!

– Pues claro, idiota. Siempre se lleva algo para contribuir a la cena, es de buena educación… Mira, ya están aquí, te lo advierto, recuerda las buenas maneras… ¡Hola, Lara! ¡Salud, chicas!

– Hola, Visko. Y éste debe de ser el primogénito, ¿verdad? Bien, bien… ¡Ah, ah, ah! ¿Son aquellos los atunes de que me hablabas? Oh, Visko, no tenías por qué… atunes plateados… ¡qué exquisitez!

– Sí, Lara. ¡Vamos, muchachos, a por ellos, que no escapen!

Aaargh. Gnarl. Chop. Growl. Uhi. Slash. Gasp. Squash. Yum.

– Junior, muchas gracias por esta velada encantadora. Tu padre estaba delicioso.

– Vuestra madre tampoco estaba nada mal. Buenas noches, chicas.

© Alessandro Boffa, ‘Eres una bestia, Viskovitz’

Printer

  • Más cuentos sobre Visko en:

Las Entrañas de la Bestia

Published in: on Domingo, 11 febrero 2007 at 3:11 pm  Comments (33)  

33 comentariosDeja un comentario

  1. Pero que requetebueno es el relato este ^_^

    Y el párrafo que más tela tiene y al que se le puede sacar mucho juguillo: “Aquí la única crítica que comprenden es la nuestra, la de los dientes. Somos nosotros quienes hacemos que funcione este jodido océano, ¿está claro? Imagínate lo que sucedería si a cualquier inepto se le permitiese vivir sin ser devorado…”

    JUAS!!!!!!!

  2. Ja ja ja

    Es cierto, y por ese motivo la coloqué también en el encabezado de la entrada… incluso estoy pensando en dejar que forme parte de mis citas en la barra lateral :p

    Habría quienes deberían tomar muy buena nota de ello y, sin embargo, suelen ser precisamente aquellos que creen estar por encima del bien y del mal. Curiosidades de la vida de los merluzos ;-)

  3. Me ha gustado casi tanto como el del León. Y con respecto a ese texto, bueno, dice mucho para quién sepa comprenderlo, siempre que no sea un merluzo :D

    pd: Ya he visto que lo has puesto en el menú jeje, y por cierto, no sé qué tienes en contra de los tiburones porque se les puede tener miedo pero al mismo tiempo admirarlos.

  4. Como no sea admirar su dentadura ya me dirás qué otra cosa pueden tener de bonitos…

  5. Ya no se trata de que sean más o menos hermosos. Evidentemente, comparados con otros animales pueden perder bastante, pero de lo que no hay duda es de su fuerza y de la infinidad de tiempo que llevan en el planeta (millones de años son muchos años). No puede ser casualidad su supervivencia porque, precisamente, están creados para eso.

    No te fijes solamente en su aspecto y comprenderás lo que quiero decir, lo que siempre digo.

  6. Comprendo tus argumentos, así como comprendo que se trata de los mayores depredadores que todavía exísten en la faz de la tierra. Sé que su supremacía es digna de una muy alta valoración, pero a mí en general los habitantes acuáticos me parecen bastantes sosos, y ellos no lo son menos, a pesar de la crueldad que acompaña la mayoría de sus actos (sí, ya sé que no es premeditado, que ellos “son así” :p).

    Quizás sea desconocimiento del tema, o quizás que su mundo no es el habitual para los humanos y, por lo tanto, tememos aquello que no podemos controlar.

    En cualquier caso no me baso en su aspecto, porque si únicamente hiciera eso tan sólo se me ocurre una palabra: son horribles :p

  7. Josmíos, qué serios os ponéis … mirad que luego a ver si no lo van a entender l@s merluz@s xDDDDDDDD

  8. Si no lo entienden es que no es para ellos :D

    Sonja, doy por hecho que es tu segundo párrafo el que explica tu actitud hacia los escualos. Y por eso mismo los ves “horribles”.

  9. Sin embargo, no negarás que es una razón de peso y, probablemente, muy generalizada.

    Que sea lo que tú no quisieras leer implica la variedad en los gustos y sentimientos existentes en las personas, sean causados por el desconocimiento o no.

    Y comprendo, y sigo comprendiendo todas y cada una de tus palabras pero añadiré algo más: ¿Te gustan los buitres?, ¿verdad que no?… no son especialmente agraciados (aunque su vuelo tiene un no se qué de embriagador con su incitante planear) y son carroñeros. Se les detesta tal vez injustamente, prejuzgando con precipitación su tarea de “limpieza” sin detenernos a calibrar sus motivos innatos.

    En resumidas cuentas, todos tendemos a generalizar :p

  10. Tu último comentario Sonja..me ha gustado mucho..
    Bless..

  11. Muchas gracias Jack… ahora, al releerlo, temo que veo mi propia “generalización” plasmada en un comentario supuestamente enfocado hacia algunas especies animales pero que puede abarcar a otras muchas, incluída la nuestra.

    Sin embargo, no me disgusta haberlo escrito. Es más, me gusta.

  12. Vale, tú ganas. Pero que conste que ha sido por utilizar a los buitres contra mí :D

    Bueno, ahora en serio, tienes toda la razón. Muchas veces no nos damos cuenta y generalizamos sin pensar en nada más. Supongo que es la vía más fácil, aunque en según qué aspectos puede ser muy peligrosa….

    Ahora que lo pienso mejor ¿me equivoco o tú estás hablando más allá de tiburones y buitres?. Como de costumbre, siempre te las arreglas para confundirme jeje

  13. Precisamente en el otro blog, y en respuesta a Jack, lancé un pensamiento en alto que venía a decir lo mismo. No, no te equivocas :p

    Actualizando: “el otro blog” es éste blog, y dos comentarios más arriba se encuentra el pensamiento al que me refiero (para que luego digan que no soy ordenada y no me explico :p)

  14. me ha gustado mucho el relato y después, al leer vuestros comentarios, me ha surgido una duda…¿lo que quéréis decir es que los tiburones y los buitres son necesarios?; y cuando digo tiburones y buitres no me refiero solamente a los animales

  15. Veo que el señor doctor no ha estudiado tanto años en vano y que las premisas de Darwin todavía se mantienen en su mente.

    Efectivamente, por ahí van los tiros :p

  16. Me gusta en lo que ha derivado esta charla xDDDDDDDDD

  17. Sí, vi el comentario después, pero ya había escrito aquí y dejé que tú lo arreglaras :D

    Y ya que nos encontramos con la selección natural veremos si algún buitre consigue ganarme a mi (no hablo de tiburones porque ahí, aún siendo nadador, creo que tengo las de perder).

  18. Con tu flamante dentadura, nada pierdes intentando morderles ;-)

  19. Eso, un buen colmillazo en un ojo y ya verás tú como zumba con la aleta poniendo agua de por medio … le van a venir con leyes de supervivencia a mi león xDDDDDDDDDDDDDDDDDDDD

  20. Un ojo rojo y hundido en el espiráculo, maléfico como el veneno…

    Yo no le hincaba el diente a eso ni aunque el escualo estuviera muerto (y bien muerto); ni aunque hubiera naufragado en un islote yermo donde no hubiera nada más para alimentarse.

  21. Si es por hambre, me como lo que sea. Y si es por sobrevivir, os aseguro que lo haría sin vacilar.

    El estómago ya se encargaría de hacer su trabajo :D

  22. La disyuntiva viene cuando también “comemos” con los ojos y con el paladar. Si lo veo, es evidente que mis sentidos se negarían, a pesar del hambre; y si cierro los ojos, el contacto gelatinoso me haría recordar que me resulta repugnante (recuerda que no soporto las ostras, por ejemplo, y básicamente es por su textura).

    Supongo, y es inevitable que al hacerlo me sobrevenga una arcada, que hambrienta (muy hambrienta) podría llegar a tragar lo que me repugna. Pero, inevitable también, terminaría por expulsarlo…

    El cuerpo necesita su tiempo para amoldarse y en casos así me temo que sería una gran batalla la que debería afrontar ;-)

  23. ¿y de la necesidad de existencia de “buitres” y “tiburones” habeis pasado a lo asquerosoo que puede resultar comerse un ojo?
    no lo entiendo, de semana en semana me vais sorprendiendo y yo creía que lo había visto casi todo jajajj

  24. Nunca te acostarás sin haberte caído de tu nube varias veces :p

  25. El cuerpo se adapta a lo que sea si las circunstancias así lo requieren. Puede costar más o menos, pero si hay apremio te aseguro que el cerebro activa el proceso muy rápidamente.

    Es como lo de seguir sorprendiéndose con los cambios de rumbo de nuestras conversaciones cuando es algo habitual en nosotros :D

  26. Soy muy selectiva, tanto en cuerpo como en mente, por eso espero no tener que verme nunca en tal aprieto o tal vez preferiría comerme una mano ja ja ja

  27. Y no sé porqué pero te creo muy capaz…..

    ¿La mano de quién? :D

  28. ¿La tuya? :p

  29. No, gracias :D

  30. la cruel realidad de la supervivencia, o no tan cruel pero si estremecedora
    terrible, y sin embargo es uno de los relatos de visko que llevo leyendo hasta ahora que más me ha gustado.
    será porque somos “tiburones” o queremos serlo? alcanzar ese grado de superioridad que tienen desde hace tantos siglos para seguir existiendo?
    hay tantas frases a destacar que prefiero no marcar ninguna
    muy bueno sonja! :)

    besos

  31. una historia excelente!
    reconozco la frase de tu introducción, llevo viendola en tu blog desde el principio y me gustó :)
    admito que estoy de acuerdo con leviathan en sus comentarios aunque mi admiración por los tiburones no es tan fuerte, pero sin duda son los más grandes depredadores
    lo que aqui se refiere al animal sin embargo se puede extender hasta los humanos
    los dialogos permiten “comprenderles”, que no aceptarlo, pero para la supervivencia es básico no caer en sentimentalismos

    Alvaro

  32. es muy bueno el relato sonja!! me ha hecho reir pero asusta un poco como el padre le habla al hijo, aunque al final se lo comen!
    a mi padre tambien le gustan los tiburones, hasta tiene una maqueta de un blanco que mide casi un metro y la puso en su habitacion
    mi madre la odia jajajaj
    a mi me dan miedo como a todo el mundo porque son muy fuertes, pero algo de verdad habra cuando dicen que llevan entre nosotros mas tiempo que los dinosaurios y aun siguen

    leviathan tu video me ha hecho cagar de miedo +_+

  33. y como soy tonto y me gusta sufrir se me ha ocurrido ver el video otra vez +_+


Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s