Los mundos de Visko (y 18)

Te has creado una fea reputación, Viskovitz

La fragilidad humana se pone de manifiesto en toda su desbaratada inmensidad ante uno de los animales más pequeños que nuestros ojos pueden observar: la Hormiga. Su organización social, muy similar a la nuestra, es sensiblemente superior, tanto en sus muestras civilizadas de comportamiento como en su resistencia ante cualquier eventualidad…

«Comparemos la fuerza de una hormiga con la del ser humano y en proporción al tamaño observaremos que la fortaleza de aquélla nos excede por mucho. Pero aún hay más, si lanzamos ese insecto himenóptero desde una distancia cien veces o mil veces su estatura la misma seguirá caminando como si nada hubiese ocurrido. No obstante, si hacemos lo mismo con el ser humano éste fallecería inmediatamente. Pero no sólo eso, sino que éste con un solo tropezón podría acabar con sus días. La conclusión es obvia: el ser humano es más frágil que la hormiga.»

Dr. Gutiérrez Laboy

(Rammstein) – Links 2-3-4

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TE HAS CREADO UNA FEA REPUTACIÓN, VISKOVITZ

No es una gran ventaja llamarse Viskovitz cuando lo poco que la vida tiene que ofrecer es distribuido por orden alfabético. En mi hormiguero, ése era el criterio que se seguía para alimentarnos a las larvas. Sólo Zucotic estaba peor que yo.

A cambio del néctar, las nodrizas querían nuestros humores azucarados. Aquellas relaciones eran intercambios de secreciones, no de sentimientos. Mis glándulas, debido a la desnutrición y a los desengaños, se iban atrofiando, y, cuando intentaba mitigar el hambre succionando mis propias exudaciones, las encontraba cada día más acidas, amargas.

Y una larva cuyas secreciones han degenerado, creedme, es la más despreciada de las criaturas.

– Estás podrido, Viskovitz – empezaron a decirme -. Das asco. Eres una nulidad.

Aquellas palabras dolían.

– Ya es hora de que nos movamos, Zuco – dije un día -. Ha llegado el momento de actuar.

– ¿Actuar?

No era un concepto fácil de asimilar para una larva ápoda, áptera y asexuada.

– Exacto, crearnos un porvenir, coger por los tarsos nuestro destino.

– ¿Tarsos?

– ¡Es una manera de hablar! Nos las arreglaremos con las prominencias mamilares, utilizaremos los orificios, si es necesario. Lo importante es llegar hasta el larvario real. Comiendo aquel néctar uno se convierte en reina, hermano, y se gobierna el mundo. La sopa boba de aquí no nos bastaría para convertirnos siquiera en obreras asexuadas. Seguiremos siendo larvas durante toda la vida, Zuco. ¿He hablado claro?

– A mí no me desagradaría ser siempre una larva, Visko. Nos fuese como nos fuese, siempre sería una hormiga, para eso es mejor seguir siendo un plasma sin forma. De hecho creo que precisamente por eso el destino me ha puesto aquí y me ha dado este nombre.

¿Cómo podía razonar con aquella criatura acéfala? Contrayendo todas mis fibras y haciendo presa con el aparato bucal en todos los salientes que encontraba, me arrastré hasta la salida de la celdilla. Después, adhiriéndome a las paredes con mis humores, empecé a ascender, a ganar los primeros milímetros de mi escalada social. Tras una semana de aquel furioso ejercicio gimnástico, extenuado y en ayunas, alcancé las celdas del nivel superior y allí me desplomé, jadeante y moribundo. Mi cuerpo deshidratado ya no tenía secreciones que pudiera cambalachear por alimento, pero algunas larvas consintieron en cederme algo a cambio de que les contara mi aventura. Tras reponer fuerzas, caí en el acto en un sueño muy profundo y soñé mi gloriosa metamorfosis, en la que adquiría formas aladas y regias. Pero lo que había ingerido no era jalea real, y al despertar me encontré con seis patas, pero sin corona. Tenía un duro exoesqueleto córneo y mis mandíbulas falcadas eran armas: era un soldado.

En el primer toque de diana, cuando tuve oportunidad de observarme a mí mismo junto a mis compañeros de división, quedé bastante decepcionado. La desnutrición me había menguado notoriamente: segmentos enteros de mi cuerpo estaban atrofiados y deformes, todo el conjunto de mi personita estaba subdesarrollado. Era un gnomo. Por orden de altura, una vez más era el penúltimo, y eso contando a la mascota del regimiento, un pulgón.

Pero la pérdida más grave era la atrofia de las glándulas odoríferas, los órganos más importantes de una hormiga. Una hormiga sin olor es una hormiga sin identidad, sin hormiguero. Es la más insignificante de las criaturas, es un ser sin función y sin sentido, incluso según el punto de vista de las hormigas. Es un cero a la izquierda.

Pronto me di cuenta de que nadie me hablaba ni compartía conmigo su alimento. Sólo advertían mi presencia cuando tropezaban conmigo, y en ocasiones ni siquiera entonces. No era raro que viniesen a enterrarme creyendo que era un cadáver.

-¡Demonios, Visko – me decían entonces -, si estás así de mal en tiempo de paz, imagínate en tiempo de guerra!

Pero cuando comenzaron las hostilidades con el hormiguero vecino, enseguida quedó claro que ni siquiera los enemigos se percataban de mi presencia. Para ellos no era ni siquiera un insecto, no existía. ¡Ah, si hubiese sido lo bastante alto para alcanzarlos con las mandíbulas! Me apodaron el «Soldado Desconocido». Pulgones y colémbolos se reían de mí, y hasta los gérmenes.

Todas las noches, para enajenarme, me tragaba secreciones de trofobiontes y de sínfilos, y luego, oculto tras un grumo de polvo, intentaba en vano reposar. Respiraba ruidosamente para autoconvencerme de mi existencia y rezaba en silencio. No era amor lo que pedía, pues sabía que era un insecto sin sexo ni hormonas. No pretendía satisfacciones intelectuales, pues era un soldado. Tampoco comunicarme con un Dios obeso que esparcía insecticidas. Desde luego no placeres mundanos. No. Lo que pedía era poder.

El poder de dominar el mundo y reducir a la servidumbre a quien tuviera más cerca, de humillar y destruir a cualquier criatura que fuera más alta de una micra, de transformar cualquier deseo en sentencia, cualquier capricho en veredicto. Aquél era el único pensamiento que me ayudaba a continuar.

Discurrí un plan. Aunque era pequeño, no me faltaba capacidad de concentración y de síntesis. En mí no había literalmente espacio para sentimientos o escrúpulos. Era un cínico, predispuesto por naturaleza a cualquier tipo de bajeza. La falta de olor me hacía prácticamente invisible. Podía entrar en cualquier hormiguero sin que nadie me detuviera y adquirir el olor de cualquier hormiga frotándome contra su abdomen: los cadáveres podían ser fácilmente utilizados con ese objeto. Mi principal hándicap serían mis armas.

Todo sucedió muy deprisa. Yendo y viniendo de nuestro hormiguero al rival, empecé a hacer de informador, revelando a cada uno de ellos los secretos militares del otro. Mis soplos resultaban determinantes para decidir el éxito de las batallas y me hicieron ascender rápidamente en el escalafón de ambos ejércitos y en la consideración de sus respectivas reinas. Así un día me encontré en la posición de comandante en jefe de los dos bandos. Decidí hacer que ganara la guerra el hormiguero en el que era conocido con el nombre de Viskovitz. La reina del hormiguero traicionado fue asesinada y su pueblo se convirtió en esclavo. Con la ayuda de algunos de estos esclavos, organicé una conspiración para matar a mi reina, Ljuba. Luego hice arrestar y ejecutar a los otros implicados en la conjura, declaré la ley marcial y asumí todos los poderes.

Al día siguiente me proclamé emperador.

Llegado a aquel punto, era el insecto más poderoso del mundo conocido. Cualquier palabra mía se convertía en ley, cualquiera de mis gestos en historia. Desde aquel trono podría acometer y conseguir la conquista del planeta, o bien crear una nueva civilización, aboliendo las castas, la castración trófica y el exterminio de los machos, modificando así el curso de la historia y la entera evolución de la especie.

Pero, puesto que una hormiga vive sólo unos pocos meses y dada la circunstancia de que Dios, al irse de vacaciones, había dejado sobre la mesa una gran hogaza de pan seco, decidí que las energías de mi pueblo estarían mejor empleadas en la construcción de un colosal monumento a mi persona. Aquello constituiría un testimonio imperecedero de mi grandeza mirmecológica, la obra que me haría gigante e inmortal.

Dirigí yo mismo los trabajos, mientras, simultáneamente, posaba, con las patas posteriores ligeramente flexionadas y la mirada fija en el horizonte. Cualquier otra actividad fue suspendida, y todos los individuos aptos fueron llamados al trabajo, mientras que los no aptos fueron sacrificados y sus cuerpos utilizados para cimentar la construcción. Las mandíbulas de los soldados excavaban mi perfil en el pan, mientras las obreras se iban llevando la miga y los cadáveres. Yo posaba pacientemente, abanicado y perfumado por la servidumbre.

El milagro se hacía realidad. Mi complacencia y mi emoción empezaban a leerse en la expresión de la estatua que me inmortalizaba. Todo estaba representado con fidelidad: aquellas largas antenas articuladas, aquel mesotórax inmenso, eran los míos. Aquella obra maestra me retrataba mejorando incluso mis caducas formas mortales, me parecía estar viviendo una segunda metamorfosis, sentía cómo mi alma se transfería a aquel cuerpo perfecto e indestructible, era la cumbre de mi triunfo.

Sólo faltaba una cosa: Zucotic.

Lo encontré en el mismo subterráneo maloliente en que lo había dejado. Sin comer casi nada, había conseguido posponer la metamorfosis y mantener el estado de larva. Era un bebé senil y arrugado, un grumo opaco de linfa agriada y de resignación. Había que verlo para poder creerlo.

– La infancia ha terminado, Zuco. Ya es hora de poner las patitas a caminar.

– Prefiero estar aquí, Visko. Estoy en paz conmigo mismo. El poco alimento que recibo me es ofrecido libremente, no soy un peso para la comunidad.

– No es un consejo, Zuco, es una orden. Quiero ver la expresión de tu cara cuando tengas una. ¿Es posible que no te des cuenta de hasta qué punto eres ridículo? Te dan limosna porque eres un mamarracho, porque pueden reírse de ti y sentirse superiores.

– Y sin embargo, algún valor debo de tener cuando el emperador se ha dignado a venir a verme. Te sorprendería saber que la gente viene aquí no para burlarse, sino para pedir consejo…

– Ya basta – le corté -. Guardias, nutrid a esta criatura, y nutridla con jalea real, quiero que se convierta en una reina.

Se le introdujo el néctar por la fuerza en el buche, pero la metamorfosis no se produjo, sus ajadas membranas no resistieron el esfuerzo y su cuerpo se descompuso como si se tratara de una buba, derramando por el suelo su contenido amarillento.

– ¿Lo conocía, majestad? – preguntó el jefe del estado mayor.

– Era mi mejor amigo, general.

– Estoy desolado, Alteza.

– Yo en cambio no – respondí encolerizado -. ¿Para qué quiero un amigo cuando puedo tener millones de esclavos?

Dos días después se celebró la inauguración. Los calendarios de todo el Imperio fueron puestos a cero y mi pueblo se congregó y se arrodilló ante el Coloso. Los sacerdotes entonaron la Oda al emperador, y yo, Viskovitz Primero el Grande, subí hasta lo más alto del podio y me dirigí a la multitud:

– Ciudadanos del imperio – troné -, esta extraordinaria obra del ingenio es un monumento a la grandeza misma. Así es, a la grandeza. Porque la grandeza, señores, no es algo que se pueda medir en milímetros, ¡la grandeza se mide en siglos! Aquello que tiene verdadero valor sobrevive al tiempo. Y ajuicio del tiempo, señores, ¡grande es la hormiga y pequeños son los dinosaurios!… Hoy más que nunca, hijos míos, tengo una certeza: cuando todas las especies animales que ahora existen se hayan extinguido, nosotras estaremos todavía aquí, construyendo nuestros hormigueros, y admirando esta estatua exclamaremos: «¡¡¡Quién lo hubiera dicho, el más grande de todos fue Viskovitz!!!».

– ¡Hurra, viva el Emperador!

Fue entonces cuando oí el «crac». Debió de ser por aquella ovación o por el pataleo de la plebe. Las dos patas posteriores del monumento habían cedido y el Coloso se había postrado sobre el abdomen.

– ¿Suspendemos la ceremonia, Vuestra Inmensidad? – preguntó mi visir.

– No, que continúe – ordené.

El daño era irreversible: ¿quién hubiera podido levantar de nuevo aquel peñasco? Sólo se podía hacer una cosa.

Me doblé sobre mí mismo, llevé hacia atrás las mandíbulas y corté de un solo golpe, limpiamente. Caí también yo sobre el abdomen. Era extraordinario, no sentía dolor. Una vez más, el parecido era perfecto.

– La grandeza, pueblo mío… – grité por encima del clamor.

Crac.

Habían saltado otras tres patas. Ahora sólo una mantenía en pie la construcción.

Hice lo que debía hacer.

– La grandeza – chillé, apoyándome sobre el último sostén que me quedaba – no es…

Bum.

La muchedumbre empezó a huir en todas direcciones. La escultura, al derrumbarse, se había partido en tres pedazos, la cabeza y el tórax se habían hecho añicos, y la enorme forma oval del abdomen, que había quedado intacta, avanzaba rodando hacia mí.

No podía moverme.

Lo que me fastidiaba no era tanto la idea de morir como la forma que tenía aquel abdomen. Parecía una larva. Era la estatua de Zucotic la que me mataba, no la mía. No era la estampa de un emperador lo que consignaba a la historia. Era la de una nulidad.

© Alessandro Boffa, ‘Eres una bestia, Viskovitz’

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Hormiga

  • Más cuentos sobre Visko en:

Las Entrañas de la Bestia

Published in: on Domingo, 13 mayo 2007 at 11:27 am  Comments (19)  

19 comentariosDeja un comentario

  1. JUAS!!, tonta que es la hormiga, o se creía tan poderosa que ya ves como acaba … vamos, como nos pasa a los humanos día si y día también xDDD

    Te has dejao de poner la letra de la canción …

    Kann man Herzen brechen
    Können Herzen sprechen
    Kann man Herzen quälen
    Kann man Herzen stehlen

    Sie wollen mein Herz am rechten Fleck
    Doch seh ich dann nach unten Weg

    Dann schlägt es links

    Können Herzen singen
    Kann ein Herze springen
    Können Herzen rein sein
    Kann ein Herz aus Stein sein

    Sie wollen mein Herz am rechten Fleck
    Doch seh ich dann nach unten Weg

    Dann schlägt es links

    Links zwo drei vier links

    Kann man Herzen fragen
    Ein kind darunter tragen
    Kann man es verschenken
    Mit dem Herze denken

    Sie wollen mein Herz am rechten Fleck
    Doch seh ich dann nach unten Weg

    Doch schlägt es in der Linken Brust
    Der Neider hat es schlecht gewußt

    Links zwo drei vier links

    Y en alemán, que mola más ]:)________

  2. Aparte del relato (buenísimo) y del vídeo de Rammstein (magnífico), la cita inicial dice mucho para quienes quieran comprender una realidad que muchos se obstinan en ver.
    El juego del relato, entre ficción y realidad, es más de lo que una mente centrada en la ambición de poder puede asimilar. Y estoy seguro que no todo el que lea o haya leido estos cuentos será capaz de darse cuenta que los distintos animales no son más que una tapadera .
    Es que no sé qué me pasa, pero cada vez que los leo entiendo más cosas (y la mayoría no me gustan). Por suerte, prefiero tener los ojos abiertos a vivir inmerso en la mediocridad de nuestra especie.
    Aunque a veces no puedo evitar cerrarlos, para descansar un poco….

  3. muy bueno el relato… es el primero que leo de la saga de viskovitz y me estoy empezando a arrepentir de no haber leido los anteriores :(

    bueno también el mensaje… no es algo a lo que le preste atención cuando leo algo pero este me llegó a lo que tenga por corazón: es preferible un solo amigo a miles de esclavos.

    sevemos, guerrera

    pd: dejé algo para vos en casa, está sobre la mesa, así lo ves de entrada :P

  4. Que no cunda el pánico y sigamos soñando mientras podamos cerrar nuestros ojos y evadirnos. Ya llegará el día en que no podamos permitirnos siquiera un instante de paz pero, por el momento, aún nos queda mucho camino por recorrer.

    Besos para los dos.

    Actualizado en WP: Y a mi es que me puede la curiosidad y no me dan los “pies” para ir corriendo a ver lo que me has dejado…
    Besos bárbaros ;-)


  5. Visko, hoy estoy apesumbrado.
    Si sabes de Sonja, da saludos.

  6. Yo que estaba a punto de cenar y se me ha quitado el hambre al imaginarme a esa larva gigante aplastándome :(((

  7. Quién tiene un amigo, tiene un tesoro.

    Un abrazo.

  8. muy esclarecedor; es el afán de superación llevado al límite, hasta que nos desborda y se convierte en algo totalmente opuesto.

    me gusta :)

  9. Un relato muy bueno y una manera amena de hacer un repaso a la historia reciente.
    No imaginé que encontraría por aquí un relato con una hormiga como protagonista.
    Un saludo guerrera.

  10. Muy bueno!!!
    Links zwo drei vier links! A la izquierda Viskovitz!!
    A partir de ahora voy a ir con mucho cuidado con las hormigas XD

  11. Si que lo es, y tan real que aun estoy rumiando el mensaje. No porque no lo entienda sino por lo cruel.

    Hay una parte que es la que más efecto me ha causado, la que dice “¿Para qué quiero un amigo cuando puedo tener millones de esclavos?”. Es cruel porque hay muchas mentalidades que piensan así, todo tan desnaturalizado e interesado.

    Me ha gustado mucho Sonja.
    Abrazo

  12. terrible!!
    valorar la amistad, qué poco sabemos a veces
    este visko me ha enfadado con su ansia de poder y demuestra una vez mas que los de arriba no deben tener muchos amigos, lo que tienen son siervos porque los amigos los pierden por el camino
    importante: a un amigo no se le puede ni se le debe cambiar

    aparte del cuento, el texto del doctor gutierrez laboy me ha parecido impresionante
    no sabía de la fuerza de las hormigas, se las ve tan pequeñas y fragiles y sin embargo es verdad

    besos

  13. Siempre que leo este relato me vienen a la mente todas esas personas que hacen de la amistad una especie de competición, utilizándola sin saber realmente lo que significa y que en los momentos importantes son capaces de caer en un estado de amnesia que les hace olvidar hasta su propio nombre.

    Son los que a cualquier conocido le llaman amigo, pero no sienten ningún remordimiento en tramarse cualquier excusa si el tal amigo les necesita.

    Me acuerdo de alguien en concreto, hace poco la guerrera me plantó en la cara varios signos inexcusables cuando se hartó de verme caer como un tontaina. Después me dijo: “Esto es lo que hay, ahora tú haz lo que sientas que debes hacer.”

    Eso es amistad.

  14. Excelente Sonja, una parodia escalofriante sobre los abusos en nombre de la amistad y la ambición. Multitud de pensamientos me han invadido y paralizado al comprender qué poco control podemos tener sobre nosotros mismos en determinadas circunstancias.

    Angel, intuyo que debiste tener algún problema con alguien en quién depositaste tu confianza y la guerrera destapó tus ojos dejando a tu libre albedrío la decisión final. Sus palabras no te arrebatan poder sino que lo refuerzan con más armas, y así es como siempre deberíamos actuar con los demás. Os admiro.

    Que esos instantes de paz perduren por muchos años, Sonja.

    Drakko

  15. Si, algo así era, un asco de alguien a la que no se le puede llamar persona.

    No me admires a mi, la fuerte es Sonja. Puede ver lo que nadie ve aunque después te des cuenta de que estaba clarisimo.

  16. No te preocupes Angel, “ser persona” no conlleva algo bueno o algo malo. En realidad no conlleva nada, aunque buscando en la web he dado con un texto interesante:

    “Persona (del latín personam, “máscara”). En la antigua Grecia y Roma los actores dramáticos utilizaban una máscara con una especie de bocina que aumentaba la voz con la finalidad de ser escuchados por los espectadores. En aquella época se denominaba “persona” al hombre o mujer que portaba esta máscara y al papel que representaba. Desde entonces, antropólogos, psicólogos y sociólogos han asociado el concepto de persona al rol o papel que cumple el ser humano en la sociedad. El psiquiatra Carl G. Jung remite al significado etimológico y define a la persona como “máscara de la personalidad”, lo que todo individuo aparenta.”

    El término ha ido evolucionando, creo que en un beneficio no real si vemos su origen. Un origen que sería la talla perfecta para quién te defraudó.

    Y te admiro también a ti, por tener tan cerca a una mujer muy especial que entre otras cualidades siempre nos habla del instinto primario.

    Drakko

  17. Oye me ha gustado ese texto, y tienes toda la razón. Como somos las “personas” que vamos cambiando el significado a las palabras sin tener en cuenta que para eliminar la verdad habría que borrar todo lo anterior.

    La gran suerte que tengo tú la has escrito, y no dejo de aprender con ella ni un solo día :))

  18. O creen que no somos lo suficientemente despiertos para indagar, o quizás que somos demasiado perezosos por naturaleza y confiados a su poderosa inteligencia que nos da el trabajo hecho.

    Lo que no esperan es que rebatan sus “cambios”, por eso nos siguen tratando como a ignorantes. Y no es mala idea, de quién aprendes y aprendo suele decir que no hay que provocar escandalos ni levantamientos hasta que llega el momento…

    Y solo por eso no puedo resistirme a dejarle un beso.

    Drakko

  19. Muy interesante Sonja, demasiado indiscutible y temible la semejanza con los humanos a excepción de la fortaleza de unos animalitos tan pequeños.
    En realidad, si nos detenemos a pensar, no somos nada y nos creemos ser todo en nuestra “nulidad”.
    Algunos se lo creen más y otros menos, pero siempre seremos unas bestias ;)

    Salud a todos


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